El punto de venta de tu restaurante, y tu facturación, en el mismo lugar.
Mesas, comandas a cocina, cuenta dividida y propina — con el CFDI del SAT ya adentro. No dos programas que alguien tiene que cuadrar a fin de mes.
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La demostración abre un restaurante funcionando: mesas ocupadas, comandas en la cocina y la carta completa. Sin registro y sin dejar tus datos.
La bebida, la entrada, el plato, el postre. Cada ronda se manda a cocina por separado y al final se cobra una sola vez.
La comanda llega a la pantalla de la cocina y se imprime al llegar. Cuando el platillo está listo, el mesero lo ve en su cuenta.
Mientras esté abierta, otro no la ve ni le captura. Se traspasa en el cambio de turno, y la propina queda registrada por persona.
Entre cuántos, cuánto le toca a cada quien, y quién pagó con tarjeta y quién en efectivo. El corte cuadra solo.
Le pones su receta y el sistema descuenta los ingredientes al vender. Por fin puedes ver cuál te sostiene y cuál se te come.
El cliente escanea el QR del ticket y se factura solo. Tú no capturas nada y tu contador deja de perseguirte.
Dos cosas que casi ningún punto de venta hace bien
No causa IVA y no debe ir en el valor de los alimentos que timbras. Aquí viaja aparte: entra al corte porque está en el cajón, pero nunca al CFDI. Si se sumara, terminarías pagando IVA e ISR por dinero que le vas a entregar al mesero.
Si subes un precio a media comida, la mesa que ya pidió paga el de la carta que vio. Y seis tacos en una mesa no activan precio de mayoreo: eso no existe en un salón.
Míralo antes de decidir
Entra al salón, levanta una mesa, manda algo a cocina, imprime la cuenta y cóbrala. Se reinicia sola y nada de lo que hagas ahí se factura.
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